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COMMUNITY | PAS DENOM

En una nueva edición de PAS DENOM | COMMUNITY, abrimos las puertas al universo de Paz López, ensayista, doctora en Filosofía y una de las voces más relevantes del pensamiento contemporáneo en Chile. Autora de Pánico y ternura —ensayo distinguido con el Premio al Mejor Ensayo del Círculo de Críticos de Arte de Chile y reconocido entre los libros más destacados del año—, Paz ha construido una obra que invita a detenerse, observar y pensar los afectos, la fragilidad y las formas de habitar el mundo con mayor sensibilidad.
En esta conversación nos recibe en su hogar, el lugar donde transcurren sus días y nacen muchas de sus ideas. Recorremos junto a ella sus espacios más íntimos, sus rituales cotidianos, los libros, imágenes y música que la acompañan, para conocer a la persona detrás de la escritura. Una invitación a descubrir el mundo que inspira su mirada, más allá de su profesión.

¿Desde cuándo conoces PAS DENOM y qué hizo que conectaras con el estilo de la marca?
No recuerdo exactamente la fecha, pero conocí PAS DENOM cuando tenía una suerte de showroom en una tienda del Drugstore. Debe haber sido alrededor de 2016 o 2017. Las primeras prendas que compré fueron una camisa blanca, un enterito de lino celeste y un vestido de algodón.

Lo que me atrajo desde el comienzo fueron sus cortes limpios y minimalistas, la calidad de las telas, los colores sobrios y la forma en que las prendas calzan en distintos cuerpos. También me gusta mucho su versatilidad, porque son piezas que pueden acompañar la vida cotidiana, pero que al mismo tiempo funcionan perfectamente para ocasiones más especiales. Hay una sencillez muy cuidada y muy pensada en el diseño que siempre me ha resultado atractiva.

Escribir necesita tiempo, correcciones y en estos tiempos da la sensación de que es casi imposible encontrar esos espacios. ¿cómo haces para crear esos espacios creativos en tu cotidiano?
Sí, es cierto que nuestras vidas están atravesadas por una aceleración constante, amplificada además por esa suerte de disponibilidad permanente que imponen las redes sociales. Muchas veces tengo la sensación de que escribir, con el tiempo, el silencio y la atención que requiere, se ha convertido en un bien escaso, casi en un ejercicio contraepocal.

Muy pocas personas pueden dedicarse exclusivamente a escribir, la mayoría lo hacemos en medio de otras responsabilidades, trabajos y exigencias cotidianas. De todas formas, cuando estoy escribiendo, intento que sea ese tiempo el que ordene los demás tiempos y no al revés, aunque no siempre lo consigo. Hay períodos en que escribo los fines de semana, en la madrugada o por las noches, pero cuando puedo, trato de despejar bloques largos de tiempo. Quizás por eso sigo escribiendo, porque en medio del ruido, la escritura sigue siendo uno de los pocos lugares donde encuentro concentración, calma y una manera de pensar más lentamente.

¿Qué cosas despiertan tu curiosidad e inspiran tu mundo?
Intento mantener despierta la curiosidad, porque me parece una de las formas más hermosas de relacionarse con el mundo. Y en ese sentido, son muchas las cosas que la alimentan: escuchar una conversación ajena en un café, leer, conversar con amigos, escuchar entrevistas de personas que me gustan o admiro, visitar una exposición, escribir, caminar por la ciudad o simplemente prestar atención a detalles que no tienen en apariencia mayor importancia. Me interesan especialmente las historias de otros, las formas en que las personas intentan darle sentido a sus experiencias, a sus pérdidas, a sus afectos.

¿Hay personas, libros, fotógrafos, películas, artistas o directores creativos que hayan influido especialmente en tu forma de mirar, investigar y escribir?
Sí, muchísimos. Creo que es difícil escribir sin leer, mirar o escuchar a otros. Suelo sentir una enorme gratitud hacia las personas cuya obra nos acompaña, nos transforma o nos ayuda a pensar de otra manera.
Muchos de esos nombres aparecen en Pánico y ternura: Pier Paolo Pasolini, Natalia Ginzburg, Anne Dufourmantelle, Nick Cave, Roland Barthes, Natalie Léger, Massimo Recalcati, Raymond Carver, Federico García Lorca, Michael Haneke, Michel de Montaigne o Francesca Woodman, entre muchos otros.

Lo que admiro en ellos es muy diverso. En algunos, la capacidad de mirar la fragilidad humana sin sentimentalismo; en otros, la atención a los pequeños gestos de la vida cotidiana; en otros, el coraje para formular preguntas difíciles o la voluntad de sostener una mirada propia incluso cuando resulta incómoda. Más que modelos, son compañías, personas a las que vuelvo una y otra vez porque me recuerdan que pensar, escribir o crear también es una forma de estar atentos al mundo y a los demás.

¿Hay algún lugar físico, ciudad, barrios, etc. al que vuelvas constantemente porque te inspira o te hace sentir en calma?
Hay un lugar al que vuelvo siempre que puedo, una zona que se llama La Palmilla, cerca de Matanzas y Pupuya. Me encanta, por la mezcla de campo, mar, silencio y viento. Creo que algunas de las siestas más largas y reparadoras de mi vida las he tenido en ese lugar. Los días allí parecen transcurrir a otro ritmo, aparece un tiempo distinto, más generoso, que alcanza para cocinar, leer, escribir o estar con amigos conversando largo y tendido. Dicho eso, también disfruto profundamente la vida en la ciudad, caminar largos trayectos,sentarme en un café, dar clases en la universidad o pasar horas en mi escritorio, en mi casa. Me gusta ese contrapunto entre ruido y silencio. 

La música es una buena compañía y para algunos inspiración dependiendo del momento. ¿Qué artistas o canciones te acompañan?
No me canso nunca de escuchar a Nick Cave. Hay algo en sus canciones, una mezcla de oscuridad, ternura y lucidez que me conmueve mucho.  Cuando leo o escribo, prefiero la música instrumental, por ejemplo Brad Mehldau o Keith Jarrett. También tengo temporadas en las que me obsesiono con una sola canción y la escucho una cantidad absurda de veces. Hace un tiempo fueron Real Smart, de Lou Doillon, y Let's Go Out Tonight, de The Blue Nile.

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Tienes algún ritual, un momento, una disciplina, o algo muy cotidiano de tu día que es muy importante para ti, para empezar o terminar los días, que nunca dejarías de hacer?
Si tuviera que resumir mis rituales cotidianos, diría que intento empezar el día con pilates y terminarlo con una copa de vino. Entre medio, está el café y el desayuno, que probablemente sea uno de los momentos que más disfruto. Me gusta que sea un espacio tranquilo, sin apuro, una pequeña pausa antes de que empiece todo lo demás. Y bueno, la lectura, una actividad que hago por placer y por trabajo al mismo tiempo. 

En estos tiempos el ocio es casi un acto revolucionario. ⁠¿Quiénes te acompañan en tus momentos de ocio?
Mi pareja, mis gatos, mis amigos. Y la soledad, me gustan esas intermitencias de soledad. 

Cuando pierdes el norte o atraviesas un bloque creativo, ¿qué te ayuda a encontrar nuevamente la inspiración?
Más que inspiración, creo que los bloqueos se resuelven estando allí, en eso que no termina de darse. En el caso de la escritura, hay muchos momentos en que no pasa nada, en que pasan las horas y no aparece ni una sola línea, y sin embargo permanezco ahí. Meparece que esos momentos forman parte también de la escritura. A veces tendemos a imaginar la creación como una sucesión de hallazgos, pero gran parte del trabajo consiste en acompañar con paciencia la incertidumbre. Con el tiempo he aprendido que muchas veces lo que parece un bloqueo es, en realidad, una forma silenciosa de elaboración.Cuando me siento especialmente perdida, leo otros libros, escucho entrevistas, anoto citas. 

Algún podcast que nos recomiendes?
Me gustan mucho los podcasts sobre libros y escritores. Vuelvo con frecuencia a Vidas prestadas, de Hinde Pomeraniec, porque tiene conversaciones muy cuidadas y una curiosidad genuina por la lectura. Hace poco empecé a escuchar Grandes infelices, de Javier Peña, que también disfruto mucho.Quizás me atraen porque, además de hablar de literatura, permiten asomarse a las vidas, obsesiones y formas de trabajo de quienes escriben. Son además una buena compañía para caminar. 

Cuando estas fuera del trabajo, en esos momentos que quieres desconectarte, aunque sabemos que cuando uno vive en el mundo creativo es casi imposible. ¿Qué es lo que más disfrutas en tus momentos fuera del ámbito laboral?
Me fascinan las vacaciones. Mantengo con ellas una relación casi infantil, como cuando era niña y pasaba largos días junto al mar, enla casa de mis abuelos.Todavía hoy, cuando se acercan, siento algo de esa misma expectativa. Pero como las vacaciones son una excepción breve dentro del año, diría que en la vida cotidiana lo que más disfruto es algo bastante simple, como caminar por la ciudad, quedarme en casa, cocinar, ver una película con mi pareja o juntarme con amigos a comer algo rico
y conversar largo rato.  

Tienes algún ritual, acto o elementos importantes para ti que sean inamovibles?
Siempre llevo un libro en la cartera o en la mochila, aunque sepa que probablemente no tendré tiempo para leerlo. No sé muy bien por qué, pero me gusta tenerlo cerca. Tal vez porque un libro es también una promesa, una expectativa, la posibilidad de una pausa o un retiro en medio del día

Por último, nos gustaría conocer un poco más de tu historia. Cuéntanos dónde naciste, los lugares que han marcado tu vida, tus intereses, estudios o cualquier experiencia que consideres importante para comprender quién eres hoy.
Nací en Santiago, pero entre los 9 y los 12 años viví camino a las Termas de Chillán, en un lugar que entonces todavía era pleno campo. Fui a una escuela rural y creo que, retrospectivamente, esa experiencia fue muy importante para mí. En esa escuela convivían niños de mundos muy distintos, hijos de familias dueñas de fundos y niños que vivían en casas con piso de tierra y tenían las manos agrietadas por el trabajo y el frío. Pienso que allí aprendí algo sobre la diversidad de vidas que conforman una comunidad.

Otro lugar que marcó mi vida fue Papudo. Pasé allí todos los veranos de mi infancia, en la casa de mis abuelos, rodeada de mujeres. Por el lado de mi madre son seis hermanas, y todas las que tuvieron hijos tuvieron mujeres. Era una casa llena de conversaciones, historias, cuidados y también conflictos. Muchas veces pienso que allí comenzó mi interés por escuchar las vidas de otros.
Estudié Sociología, Teoría e Historia del Arte y luego Estética.
Durante mucho tiempo pensé que ese recorrido poco lineal era una desventaja, sobre todo en un mundo académico tan inclinado a la especialización. Hoy, en cambio, lo veo como una potencia, algo que me ha permitido moverme entre distintos lenguajes y preguntas.
Trabajo como académica en la Universidad de Chile y escribo ensayos. Me interesa mucho la manera en que esas dos actividades se alimentan mutuamente. La docencia, la investigación y la escritura son, para mí, distintas formas de una misma curiosidad.

Hoy vivo en Santiago junto a mi pareja y dos gatos grises muy queridos.

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